viernes, 27 de diciembre de 2019

TraicionaNdo

... al subconsciente



Maleta 50ª

Me parece encontrarte entre la multitud cada vez que distraigo la mirada en mil caras. De pronto me salta un flash interior, un fotograma filtrado en la bobina que gira dentro de mi cabeza. No sé lo que he visto, ¿acaso no eras tú?
Activo el escáner para depurar cada uno de los rostros con los que me cruzo pero el gentío es tan denso que estoy desbordado. Ya no sé si has pasado o si sigues ahí. Me revuelvo temiendo el habernos cruzado y perdido la pista, habernos rozado sin electricidad y al instante una alarma me saca del sueño: "Despierta, ya es hora"
Tú no estás aquí.

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- Bueno, ¿y qué hacemos ahora? - pregunté - No podemos dejar al pobre pájaro...
- Al mirlo - puntualizó el barman haciendo como que tosía.
- ... al pobre mirlo - dije enfatizando - ahí enganchado.
- Pues llamamos a los bomberos pero olvidaos de volver a subir ninguno a esa ventana, ¿me oís? - dijo la gobernanta señalándonos de forma amenazante.
- A ver, dentro de la Policía Municipal, hay una división de Medio Ambiente que se llama UMA. Se encargan de este tipo de cosas ya sea flora, fauna, vertidos, humos... - comentó el barman.
- De verdad que cada día me dejas más alucinado, ¿se puede saber de dónde diablos sacas toda esa información?
- Por favor, botones..., soy mucho más...
- ...que una cara bonita - le cortamos canturreando al unísono la gobernanta y yo.

Mientras sacaba el teléfono para hacer la llamada al 092, el mirlo volvió a revolverse y consiguió finalmente atravesar la red. Revoloteó un poco por dentro del patio y enseguida se posó en el canalón justo enfrente de la ventana. Los tres observamos la peripecia en silencio, expectantes.

- ¿Y ahora qué?, ¿se va a quedar dentro? - dije en voz baja.
- ¡Ay, pobrecito! Le voy a romper una galletita de estas de los tes a ver si bajara a la ventana a comer y le pudiéramos sacar por la ventana de la calle - dijo la gobernanta.
- Nah, no serviría. Los mirlos comen gusanos, insectos, frutas y cosas así - comentó el barman.
- En serio tío, me tienes que explicar muchas cosas tú a mí, ¿eh? - le dije totalmente sorprendido.

De pronto, el mirlo se incorporó de su posición, dio unos saltitos por el canalón hacia un lado y se coló de un brinco por uno de los agujeros de la red que estaba más estirado por un enganche que lo sujetaba a la fachada. Se giró, nos miró desde las tejas ya por fuera de la malla y echó a volar dejándonos a los tres como en una foto por sorpresa.

- ¡Solucionado! - dijo el barman dándome una palmada en el hombro. - Ya me llamáis para otro ratito, ¿ok? - y enfiló la puerta de la habitación.
- Venga botones, ¡acción!, que ya hemos perdido mucho tiempo y tengo que hacer la habitación. - dijo la gobernanta poniéndose también en marcha.

Salí de la habitación y empujé en silencio mi carrito cargado de maletas hacia el ascensor pensando que nadie iba a creer la historia de cómo un pájaro nos había tomado el pelo durante veinte minutos. Bueno, un pájaro no; un mirlo.


En el hilo sonaba George Baker 

lunes, 23 de diciembre de 2019

SudaNdo

... bajo cero


Maleta 49ª

Hay un fuego en la estancia que enfría la casa, que absorbe la energía y te deja macilento. Una nana siniestra de caja de música, un bisbiseo espectral que prolonga la duermevela. Un hálito denso, casi corpóreo, escapa de la boca desuniendo el alma del armazón, vaciando la mirada de significado, reduciendo a odre la piel habitada. Un aire ceñido presiona el pecho y congestiona con vacío pulmones constreñidos, oreando en torbellinos la ceniza reposada sobre un paraje yermo, marchito e infecundo.
Hay un dique postizo en una ciénaga inmensa, una cubierta vistosa en un obituario anodino, una fachada protegida en un edificio carcomido desde el techo a los cimientos.

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Sin cambiar la postura circense que había adoptado para subirme al alféizar intenté explicarme.

- Es que hay un pájaro enganchado a la red esta del patio y...
- Ya lo sé. Lo he visto al entrar a limpiar la habitación y he ido a buscar ayuda.
- Pues la ayuda ya está aquí. Venga, agárrame - dije aupándome definitivamente al rebajo - Sujétame las piernas para que pueda asomarme mejor.
- ¡Bájate de ahí ahora mismo, botones! ¿Me quieres matar? Lo paso fatal, por favor te lo pido, ¡bájate! - me gritaba mientras se abrazaba con las dos manos a una de mis piernas tirando hacia adentro de la habitación.

Con una mano apoyada en la pared por dentro de la ventana y la gobernanta haciendo de ancla, estiré la otra mano con cuidado para llegar hasta el pájaro que permanecía enganchado con el pico hacia abajo observando la escena. Tenía un ala, una pata y la cabeza por dentro mientras que la cola y el otro ala estaban por fuera. Con la otra pata se aferraba con fuerza a la cuerda que lo atrapaba. Intenté tirar de él a la vez que separaba un poco el cuadro de la red pero al instante me pegó un picotazo.

- ¡Ay! ¿¡Serás desgraciado!? - le recriminé - ¡Si estoy intentando ayudarte!
- ¿Qué pasa?, ¿qué pasa?, ¡ay! Bájate botones por favor deja al dichoso pájaro, ¡que le den al pájaro!
- Pero, ¿cómo voy a dejar al pájaro ahí enganchado?, ¿y si se muere?, ¿vamos a tener un nuevo amenity en las suites del 'The Level'?, ¿pájaro muerto colgandero? - le dije mientras me bajaba de un salto.
- A ver, ya estoy aquí. ¿qué es lo que pasa?, ¿dónde está el pájaro? - dijo el barman entrando por la puerta directo a asomarse a la ventana.
- El que faltaba..., ¿este es la ayuda que habías ido a buscar? - le dije a la gobernanta.
- ¡Es un mirlo! - dijo el barman con el cuello estirado fuera de la ventana.
- ¿¿¡Pero que también sabes de pájaros!?? - dije alucinado.
- ¿Ves? - me reprendió la gobernanta.


En el hilo sonaba Xoel López

martes, 26 de noviembre de 2019

QuebraNdo

... el silencio



Maleta 48ª

Solo cuando el mundanal ruido se despierta mojado en una fría mañana dominical de otoño podemos escuchar la huella que dejamos tras nuestro paso. Es tan inusual el silencio que resonamos estridentes aun andando de puntillas y nos vemos obligados a modular el tono ofendidos por el retumbo expandido del propio eco, negando siempre en primer término que esa sea nuestra voz, nuestro legado.

Pero lo cierto es que hay que abrirse camino, del verde renaciente al naranja caduco, del blanco gélido al amarillo abrasador, del polen al crujido, de la cima a la orilla, educar, convencer, equilibrar, remover, respetar y merecer. Que la última parada a la que llegue nuestro tren nos dará aquello que un día sembramos y, por acción u omisión, hayamos hecho crecer.

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Estaba en la planta más alta del hotel reuniendo las maletas de los primeros clientes que salían aquella mañana cuando empecé a escuchar una especie de chillido, más bien un graznido agudo y persistente. Me asomé con cuidado dentro de una de las habitaciones interiores ya preparada para ser limpiada y observé que la ventana de seguridad estaba entreabierta. Ahora podía oír también revoloteos intermitentes tras los cuales caían, livianas como copos de nieve, un puñado de plumas oscuras.
Saqué la cabeza de lado mirando hacia arriba y enseguida vi cuál era el problema. Un pájaro luchaba bocabajo justo sobre la ventana enganchado en la red que cubre el patio para evitar, precisamente, que se cuelen las aves. No parecía herido en tanto en cuanto se revolvía y protestaba en su idioma con energía.

- ¿Te has enredado, eh? - le dije como si me fuera a entender - Vamos a ver qué podemos hacer...

Levanté el pie derecho por encima de la cadera para apoyarlo en el alféizar y con las dos manos me agarré con fuerza al marco de la ventana con la intención de auparme. Estaba contando hasta tres mentalmente y de pronto...

- ¡¡Quieto!! ¿¡Se puede saber en qué estas pensando, muchacho!? - me gritó la gobernanta desde la puerta.


En el hilo sonaba Russian Red

martes, 12 de noviembre de 2019

Prend(á)Ndo-me

... de la singularidad



Maleta 47ª

Repartidos por los cuatro puntos cardinales de nuestra personalidad se encuentran los detalles que nos perfilan. A veces son curiosidades sencillas en las que no reparamos, como el lado hacia el que amanecemos girados por las mañanas. Otras son rarezas curiosas, como poner el volumen de la tele invariablemente en un número impar. En ocasiones son manías aprendidas, como cerrar todas las puertas cuando salimos de casa. Y finalmente están las obsesiones que emanan de nuestra esencia, que nublan el buen juicio y nos vuelven primitivos. Excentricidades, chifladuras, antojos, extravagancias... y tabúes inconfesables que atesoramos solo para nosotros mismos y tal vez para aquellos elegidos a los que colocamos demasiado cerca de la zona de ignición.

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- ¿Sabes qué es lo que más me gustó de ti cuando te conocí? - pregunté revoloteando alrededor del carro de limpieza.
- Sorpréndeme botones - respondió la gobernanta tan paciente como de costumbre.
- Pues que siempre tenías algo que comentarme o alguna conversación que sacarme. Contigo me sentí a gusto desde el primer momento.
- Me alegro de que pienses eso. Pero recuerda que es solo porque eres el mejor botones del hotel.
- ¡Y el único!
- Eso también ayuda, sí, pero de verdad, eres muy buena gente botones. Ya sabes que yo no le pierdo el hilo a nada en este hotel. Y te veo hasta cuando crees que no te ve nadie.
- No sé si eso me tranquiliza..., he notado antes un frío en el cogote...
- ¡Calla mosquito! - dijo dándome en el brazo con la lista de habitaciones - y ayúdame con esas toallas anda. ¿Sabes cuántas toallas reponemos a diario en este hotel? ...

Y continuó contándome detalles particulares como hacía siempre que coincidíamos un rato de la jornada de trabajo.


martes, 5 de noviembre de 2019

OrientaNdo

... la mirada


Maleta 46ª

Son increíbles. No nos detenemos a mirarlas a menudo en su cotidianidad, posiblemente cegados por las luces artificiales que compiten por llamar nuestra atención en primer plano, pero cuando somos capaces de difuminar y extender la mirada más allá hay que aceptar que no tienen competencia. Si acaso la intensidad de esas super-lunas redondas y rojizas aumentadas como si se encuadraran en el círculo de un prismático, podrían acercarse a la sensación de inmensidad y menudencia al mismo tiempo que sientes cuando una de ellas te mira...

... pero ya veo que lo que te parece increíble es que no deje de hablar de ellas mientras se me derrite el postre en la mano. Toma, termínalo si quieres; está supremo.

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Al abrirse las puertas del ascensor me asomé con disimulo. La mesa estaba vacía. No había moros en la costa. Salí con el sigilo de un gato escrutando con la mirada cada esquina y cada mueble de aquella nueva recepción. La pared era de un ocre dorado tirando a café mientras que el techo era de un blanco que proyectaba la iluminación indirecta dando a la estancia una especie de claridad dispersa pero cálida. Dos grandes jarrones transparentes servían de base a largas y gruesas ramas de bambú color jade que custodiaban un extraño cuadro tierra con letras negras contenidas en un marco ancho color lino.

- Hola - saludó ella desde la mesa.

Pegué un respingo y me giré con una mueca de susto y los ojos muy abiertos.

- Hola, ¡qué susto! Pensé que no estabas - dije arrepintiéndome de inmediato.

Levantó las cejas e inclinó un poco la cabeza a un lado en un gesto gracioso y dijo:

- 'Veritas Nunquam Perit'
- Em..., ¿perdona?
- El cuadro - dijo señalando tras de mí - significa 'la verdad nunca desaparece'.
- Ah sí! el cuadro,... lo estaba mirando sí... es muy bonito... y con significado claro, no como esos cuadros que no sabes si lo estás colgando del derecho o del revés..., verdad? Ya sabes..., jeje... ejem.

Me quedé ahí en medio asintiendo con la cabeza hasta que logré articular la postura correcta con las manos atrás.

- ¿Necesitas alguna cosa?
- No, gracias. Está todo bien - dijo echando un rápido vistazo a ambos lados de su mesa.
- ¡Estupendo!, pues entonces me voy a la recepción - dije mientras apretaba el botón del ascensor varias veces - Quiero decir a la otra recepción, la de abajo en la entrada..., tú ya me entiendes.

¡Clinnnn! - Oh! sonido celestial - musité para mí mismo. Le sonreí y entré en el ascensor pensando que era el botones más idiota de todo el gremio.

- ¡Oye botones! - voceó desde su asiento - Gracias por la visita.
- ¡Encantado! - contesté justo antes de que se cerrara la puerta.


miércoles, 16 de octubre de 2019

NadaNdo

... con tiburones


Maleta 45ª

Con la inocencia de una niña que cruza el bosque rodeada de peligros sin advertirlos, emerges de un mar en calma como una lámina de agua salada, sosteniéndote suavemente en el límite de la superficie. El agua abraza tu cuerpo y enmudece el ruido que tan fácilmente se propaga por el aire. Se escuchan burbujas y el sonido cadencioso de tu respiración serena.

La relajación es tan profunda que apenas hay sinapsis ni sensación de electricidad. Eres solo un pensamiento que nace ligero en el corazón de la Tierra y fluye a la deriva de la gravedad que lo cautiva. Ajeno, espontáneo, sencillo, elegante. La clásica pureza que atrae más que la sangre. Por la que eres el señuelo más tentador que nunca se ha descrito.

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- ¿Has estado ya arriba en la zona nueva? - pregunté directamente.
- Sí - respondió con un monosílabo.
- ¿Y te gusta cómo ha quedado? - continué buscando más información.
- Sí - volvió a responder con impasibilidad.
- Bueno, ¿y qué es lo que más te gusta? - insistí retorciendo como un sacacorchos.
- La planta de la entrada, según sales del ascensor.
- ¿Planta? - pregunté confundido - ¿Qué planta?, ¿hay una planta ahí?
- Por favor, ¿no te has fijado? Tiene grandes hojas en dos colores. Creo que es un cóleo. - dijo como si tal cosa.
- ... pero, ¿desde cuándo sabes tú de plantas? - dije francamente alucinado.
- Por favor, botones..., soy mucho más que una cara bonita - replicó con un guiño marca de la casa.
- Anda guaperas, ponme un mosto que me ha bajado el azúcar con tu clase de botánica. ¡Vaya con el barman biólogo!


En el hilo sonaba Labyrinth

sábado, 12 de octubre de 2019

MotivaNdo

... al personal


Maleta 44ª

Cuando digo que se puede no tienes que dudar tanto contando paralizada los pasos que debes ir dando. Si miro y te veo pensar, dibujar sobre tu espalda la enorme piedra de Obélix, fijar tu frente hacia el suelo, ahogar tu cuerpo en mil noes, dejar escapar el tiempo como arena entre los dedos, no puedo más que impulsarte con la fuerza de mi coraje.


Respira profundo; más. Resopla, relaja los hombros, mueve el cuello hacia ambos lados. Flexiona un poco las piernas y comienza el balanceo. Delante, detrás, inhala. Separa las costillas, junta las escápulas, estira los brazos atrás, abre las palmas de las manos, bostezo, che!!!, te pillé! No!
Preparada, lista, ya!
Una vez fracturado ese rozamiento estático, se engrasarán las articulaciones, se ensancharán los músculos largos, se abrirán los poros a pares y con cada zancada que tires adelantada te encontrarás más alineada con el camino que te llevará hacia donde deseas.

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Ya lo sé. Mucho tiempo sin saber nada del hotel ni de ninguno de sus personajes. Pero uno no puede simplemente caminar sin saber hacia dónde se dirige. Si no es por uno mismo, al menos que sea por los que van a rebufo. Anda que no se nota cuando alguien va perdido, mirando hacia todos lados, dudando en cada intersección...

¡Clinnnn! Suena el ascensor nuevo al llegar a la planta deseada. Salgo empujando mi carrito a tope de maletas y me encuentro de frente con una segunda recepción que jamás había visto.

- ¡Hola!, ¿tú eres el Botones? Bueno, claro que lo eres, ¡qué preguntas hago!, ¡Al fin te conozco! La gobernanta me ha hablado de ti. Soy la recepcionista del nuevo área 'The Level' del hotel. - disparaba la chica casi sin respirar - Pasa, pasa. Mira, pon aquí el carro y ahora te ayudo a distribuir las maletas por las suites, ¿quieres?
- Claro, claro, lo que tú me digas. Esto es todo nuevo. Todavía no había venido por aquí...
- Pues yo te hago un tour hombre, por eso no te preocupes. Esta semana está todo lleno con la feria y tengo un montón de cosas que preparar pero todavía te puedo enseñar algo. Ven, ven por aquí.

No paraba de hablar. Pero tampoco dejaba de sonreír. Se le notaba la sonrisa hasta en el tono, como una sonrisa telefónica o una canción de Teresa Rabal. Eso sí que era una carga de energía positiva.


En el hilo sonaba boy Pablo

martes, 23 de julio de 2019

LideraNdo

... la batalla


Maleta 43ª

En el frente no hay descanso, hay vigilia y hay rutinas. Engranajes de pulsera marcan ritmos con el sol, con la luna y las estrellas y algún que otro nubarrón. La organización de un mago te hace estar siempre en alerta con la puerta medio abierta y en estado de atención no sea que un viento a favor traiga olas de combate llegadas sin el aviso de banderas de precaución.

¡Adelante hijos del Estío! Pintaos la cara con crema de la más alta protección, clavad con firmeza el bastón de una sombrilla con filtro y extended entre claro y umbría la tela que ha de ser vuestro solado, vuestro firme, vuestro terreno de secadero. Porque podrán quitarnos el precio razonable de los apartamentos, pero jamás nos quitarán la libertad del 'chiriguiteo', de los bocatas, de la tortilla de patata y la ensalada campera, del partido a las palas, de la mini-tabla de surf, de la colchoneta, del balón multicolor, de los paseos por la orilla, de la nevera portátil,... jamás podrán birlarnos nuestra forma de disfrutar.

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Lejos del hotel todo se ve de forma distinta. Los días tienen mañanas, tardes, noches casi sin fin... Me encanta estar de vacaciones. Me evado totalmente, me relajo, desconec...

- Botones! Jugamos a las palas o qué?
- Madre mía! Con lo 'paradito' que estás detrás de la barra..., ¡quién me manda irme de vacaciones contigo!
- Eso es que sí, no? Venga! Vamos a jugar en el agua para poder tirarnos a por la bola y estar fresquitos.
- Venga va; pero me repasas antes un poco de crema por la espalda que no me quiero quemar.
- Joder botones, si estás blanco todavía! Sal de debajo de la sombrilla ya hombre!
- Y luego por la noche me darás un poco de after sun, no? Mira que tengo la piel sensible y luego no me puedo poner ni la camiseta...
- Que sí hombre que sí! Coge tu pala ya y al agua que tenemos público seguro. ¡Espectáculo en orilla central chicas! - dijo gritando con voz de anuncio - ¡Botones Nadal contra barman Federer!


En el hilo sonaba Radio Futura

domingo, 30 de junio de 2019

KilometraNdo

... veranos


Maleta 42ª

Huele a playa, a mar, a sol, a pueblo, a sierra, a espeto, a arroz,... Ya aparece el ventilador, el hielo, el tinto, ¿gaseosa o limón? En los planes de cada día hay un parón, un "hasta la vuelta", hay negociación. Las semanas que se reparten, los apartamentos, la organización...

Descalzo con un bañador y un montón de crema, con concienciación. La espuma es tu contrincante, la tienes delante, la quieres detrás. Remas y notas el frío, el agua oscurece en el fondo abisal y procuras, ahorrando energía, flotar sin deriva, esperas la ocasión. Ha llegado el estío y te aplasta pero las estelas que dejas atrás son las señas de que, un año más, sigues en camino hacia la libertad.

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Para un hotel de interior la temporada de calor es la menos ajetreada. Se aprovecha para hacer alguna reforma, grande o pequeña, para mantener el atractivo que tienen las cosas que se estrenan solo por el hecho de ser nuevas.

- Ya te queda poco para las vacaciones, ¿tienes algún destino de los tuyos en mente?
- Este año no tengo nada 'galáctico' que presentar. Lo especial va a ser la compañía, el equipo, ya me entiende.

El jefe de recepción se quedó en un silencio contenido, como cuando tenía algo que decir pero no sabía como hacerlo.

- Sé que ha sido una temporada..., compleja. Espero que disfrutes mucho de las vacaciones con tus amigos y vuelvas con energía renovada y con esa positividad que tanto nos gusta en la recepción. Los clientes están contentos y..., bueno, yo también.
- Vaya! Jefe... - comenté con voz de sorpresa - realmente le ha afectado el calor de estos días. ¿Quiere que vaya a hablar con el de mantenimiento? La temperatura debe estar demasiado alta ahí detrás - dije señalando con el pulgar la puerta del despacho de recepción.
- ¡Botones! - me cortó con gesto serio - Suba esto a la habitación 421, por favor.
- Ahora mismo jefe - respondí poniéndome en marcha al instante.
- Y vaya por la sombra muchacho. Ya le dará el sol en la cabeza suficiente divirtiéndose con sus amigos - dijo mientras yo caminaba hacia las escaleras. En su tono intuí, esta vez, una media sonrisa.


En el hilo sonaba Iván Ferreiro

domingo, 23 de junio de 2019

JodieNdo

... con la pelota


Maleta 41ª

La paciencia es una virtud perecedera. Se agota con el tiempo, se marchita.

Donde antes te animabas con el ruido, el fragor o el gran jolgorio, ahora rechinas los dientes, chistas, resoplas profusamente... Lo que te parecía gracioso, una tontada, cosas de críos, ha tornado en intolerable, muy molesto, ¡pequeños diablos!.

A la par que tu aguante, no te sorprendas, han menguado tus noches inabarcables, tu resta de importancia, tu arrogante rebeldía. Por contra han aumentado, apenas sin notarlo, tus quejas por chorradas, tus excentricidades, tu falta de ilusiones imposibles.

Y un día te hayas de cara a un balón que rueda fuera de los límites de un campo imaginario y en lugar de chutar un centro al área escuchando en tu mente la jugada por boca de un corresponsal enardecido, lo recoges con la mano y articulas sin gracia, con una mueca de disgusto: "Niño, deja ya de joder con la pelota"

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Aquel pobre bebé no paraba de llorar. El padre se afanaba acunándolo, meneándolo en el carro, distrayéndolo con el ruidillo de un sonajero, engañándolo con el chupete..., pero necesitaba claramente a su mamá. Hay cosas que la buena voluntad no compensan.

Por fin apareció la madre y allí mismo se puso a amamantar a su criatura que al fin parecía que se calmaba.

- Qué paciencia hay que tener con los chiquillos, ¿verdad? Sobretodo las madres. Son taaaan dependientes de ellas - comenté.
- A mí me habría encantado tener hijos - dijo la gobernanta con un tono melancólico - pero la vida me ha dado sobrinos estupendos y debo reconocer que me encanta ser tía.
- Y a mí que lo seas - apuntilló el barman.
- Ten en cuenta que mi sobrina me cuenta a mí más cosas que a su madre - sentenció ella con un gesto pícaro.
- Ejem! ¿No habéis oído a alguien llamarme por aquel lado? - dijo escapando de la situación con un guiño.
- No se si sería capaz de sacar adelante a una criatura..., ¡si no puedo ni conmigo mismo!
- Tienes más virtudes de las que te reconoces, botones. Empieza a ser menos crítico contigo y verás lo que realmente vales.
- Si tú lo dices...

En el hilo sonaba Carlos Sadness

domingo, 16 de junio de 2019

IrradiaNdo

... energía positiva


Maleta 40ª


Está en tu interior. No hay que buscar más lejos.

Son muchas las circunstancias, las trabas y las excusas. Millones las distracciones. Los pecados, capitales. Pero hay una voluntad que, a veces prende desde afuera, que empuja y que no se doblega, que impulsa sin pasos atrás. Hay una fuerza en la mente que ignora los inconvenientes, que asume los condicionantes, que avanza a contracorriente. Un poder impresionante que sobrevive latente, que es frágil pero potente y que todos deseamos desesperadamente.

La pasión no tiene precio, no tiene días de oferta, no hay low cost que la abarate. No tiene hermanas gemelas, no es un cromo intercambiable, no acepta solicitudes de amistad sin que la mires de frente. Y una vez que la descubres lo hace todo diferente.

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Sentado en la barra, de espaldas a la sala, observaba la mesa en la que estaba cenando el grupo alojado en habitaciones adaptadas valiéndome del espejo para no ser demasiado descarado.

- ¿En qué piensas hoy botones? - preguntó el barman sabiendo que mi mente estaba en temas diferentes por primera vez en mucho tiempo.
- Pues pienso en la poca consideración que tengo con personas que realmente tienen una vida complicada de verdad cuando me quejo por mis cosillas - dije sin dejar de mirar el reflejo.
- Somos unos afortunados.
- Eso creo, sí - dije ya mirándole y asintiendo.
Se inclinó un poco hacia mí y dijo:
- Me alegro de tenerte de vuelta en el equipo de los lukies - y se desplazó dentro de la barra hacia el otro extremo.
- Y yo amigo, y yo - murmuré mientras volvía a observar la sala a través del espejo.


En el hilo sonaba Ryan Bingham

domingo, 2 de junio de 2019

HilvanaNdo

... mis agujas


39ª Maleta

Puedo evitarte sin disimular cargando la agenda de eventos triviales, poniendo la tele en un canal al azar, conectando Radio 3 por las mañanas y gritando: "!las ochooooo!". Puedo esquivar tu penumbra haciendo brillar mi sombra, dejando la luz de la entrada encendida, manteniendo la cobertura en los trayectos largos. Puedo esforzarme por no pensar, por quitarle hierro a los asuntos que nos cruzan, por poner buena cara a tu tiempo. Pero nunca, nunca te llego a olvidar.

Te pretendo perdida dentro de mi laberinto mental, dificultar cualquier acceso a mis venas que te expanda, cualquier boceto que te proyecte, cualquier cimiento que te asiente y desde el que te eleves por encima de todo lo demás, egocéntrica, egoísta, estúpida tristeza. Te voy a hacer un traje a medida. Uno diminuto.

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Me apresuré a ir detrás de ella. Iba haciendo aspavientos y dando saltos. El bus tenía bajada una rampa de accesibilidad y por ella estaba descendiendo un chico en silla de ruedas. Movía la cabeza y las manos de forma errática, sonreía, estaba muy emocionado, feliz.

- ¡Mira Raúl!¡Ya estamos aquí!, ¿estás contento, precioso? - le decía al chico que no podía contener su alegría. - Ahora vamos a ver nuestra habitación y este botones nos va a llevar la maleta como a los príncipes de Arabia, ¿verdad que sí? - me miró asintiendo.
- Desde luego que sí, alteza. A su servicio - dije haciendo una reverencia ante los dos.

En el bus había otros cinco chicos y chicas más con algún tipo de problema que yo todavía no alcanzaba a entender pero todos con una ilusión que se irradiaba a través de su mirada. Rápidamente un sentimiento de admiración enraizó en mi cabeza. Aquello era totalmente maravilloso.


En el hilo sonaba Leiva 

domingo, 26 de mayo de 2019

GrabaNdo

... un mensaje


38ª Maleta

Aunque vivimos en el pasado es el futuro el que nos empuja. La certeza de que el río nos arrastrará hacia el enorme océano de forma constante, inevitable y siempre cuesta abajo. El presente no existe. Incluso el último rayo de luz que nos calienta ha desaparecido realmente minutos antes de que lo percibamos sobre nuestra piel. El sol no está donde lo vemos, está más adelante en el espacio. Y, como el que mira un partido de fútbol en la tele pero con la radio puesta me pregunto: ¿es realmente la vida en directo o tiene todo un instante de retardo?, ¿se puede intervenir en el intervalo en el que tomo una decisión equivocada y la ejecuto?


Nos mandan señales. Observa con atención. Aprende a interpretar tus sensaciones. Domínate. Avanza.

Y es que ante la improbable opción de que la lluvia empiece a caer hacia arriba solo tendrás una oportunidad de construir el futuro que crees que deseas. Una oportunidad a cada instante, pero una sola. No pierdas el tiempo. Llénalo de pasado memorable que otros se encarguen de recordar cuando no quede electricidad y la chispa sea el boca a boca que extiende los mitos inmortales.

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Con el ánimo en la UVI durante semanas había empezado a volverme una sombra más del Hotel. Mi carro emitía sonidos tristes y solitarios como los del motor de una nevera en una noche de verano. Todas las preguntas sobre mi futuro se respondían con ese mismo ruido anodino y una vez más la ausencia de objetivos, la falta de ilusión, el desconocimiento, las ideas difusas y la negación me impedían avanzar en ninguna dirección. Hasta que un día...

- Hola. ¿Tú eres el botones? - preguntó educadamente.
- Sí. ¿Puedo ayudarla en algo?
- ¡Genial! Pues sí. ¿Me podrías llevar esas maletas de allí a estas habitaciones? - dijo señalando un autobús pequeño a través de las puertas giratorias de la entrada.
Me entregó una hoja de pre-check in y al observarla con detenimiento me di cuenta de que muchas de las habitaciones eran adaptadas.
- Oh! ¿Necesita alguna silla de ruedas? - me apresuré a preguntarle - En el hotel tenemos alguna por si hace falta.
- Gracias, ¡no te preocupes!, ¡Venimos preparados! - dijo sonriendo mientras se alejaba hacia el bus.


En el hilo sonaba Rozalén

domingo, 12 de mayo de 2019

FundieNdo

... a negro


37ª Maleta

Voy a pensar en ti. Como si estuvieras mirando por un agujerito ávida por conocer cómo me desenvuelvo. No habrá coartada si no me comporto, no habrá pretexto que justifique el polvo escondido bajo la moqueta, la torre de platos acumulada en el fregadero, la maleta sin deshacer, la ausencia de higiene personal.

Cuando terminen de pasar los créditos y la sala se quede a oscuras recibiré las alabanzas y los reconocimientos en tu nombre sobre un tapiz inmaculado, en una cocina recogida, con un armario organizado y perfumado con esencias puras de tristeza. No me despedí. Y lo siento.

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- ¡Buenas noches Gobernanta! Como tú por aquí a estas horas? - preguntó el Barman sin dejar de frotar una copa con un paño seco.
- Pues hijo, por un Sábado que me quede un ratito de nada en tus dominos...
- Nah... tú vienes buscando al Botones, ¿a que sí? - dijo con una media sonrisa.
- Pues..., sí. Es que, verás, he recibido una carta de Enma y...
- ¿Te refieres a la invitación de boda?
- Y yo que pensaba que era la que más enterada estaba de todo en este hotel - dijo sin ocultar su ofuscación - ¿y dónde está tu amigo?
- Le he mandado a que le de el aire un rato, o el viento más bien.
- Bien hecho. Últimamente pasa mucho tiempo aquí contigo. No te ofendas.
- None taken! - contestó guiñando un ojo con su innata seducción.

En el hilo sonaban Morgan

domingo, 10 de febrero de 2019

BebieNdo

... para olvidar




36ª Maleta

No quiero pensar.
Por eso vengo a este bar lleno de ruidos y gente de todas partes. Un lugar sin caras, sin parroquianos a los que levantar las cejas desde el otro lado de la barra, tan fluido y cambiante que ni el staff permanece más allá de la segunda cerveza arrastrado sin orden por el barullo hacia las mesas igual que empuja el mar a las olas contra las rocas.

Estalla la espuma de presión a borbotones después de servir con un golpe otro tercio que suda de frío, y la observo descender por el cristal ambarino como un alud de nieve que se deshace y se expande hacia abajo, en todas direcciones. La espera me abstrae y me lleva de vuelta a la escena contigo, a tus ojos de alivio, a tu expresión condescendiente...; inclino otra vez la botella hacia mi boca, se deslizan las últimas gotas y, girando el casco hacia mí, me pregunto cuándo he bajado este penúltimo trago. Levanto el vidrio por encima de mi cabeza y lo meneo en el aire pidiendo otra ronda.

No quiero pensar.

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- ¿Has dejado la nota de bienvenida en la junior suite? - me preguntó el jefe de recepción con su clásica seriedad profesional.
- ¿La nota de bienvenida en la junior...?, creo que sí.
- Botones..., ¿crees que sí, o sí la has dejado?
- Bueno..., yo..., me parece que sí - respondí no demasiado convencido.
- Sí, la ha dejado. Yo estaba terminando la habitación cuando entró a ponerla esta mañana - intervino la gobernanta que estaba dejando el listado en la recepción.
- Botones, ¿qué te pasa últimamente? Necesito que estés más concentrado - dijo el jefe de recepción con tono de preocupación paternalista - ¿Tú sabes lo que le pasa? - preguntó a la gobernanta.
- ¿Yo?, hace semanas que no me cuenta nada - respondió - ¿estás bien Botones, o vamos a tener que preguntarle al barman?, porque últimamente pasas mucho tiempo allí..., estamos preocupados.
- Tranquilos, de verdad, os agradezco la preocupación. Será mejor que suba y compruebe que he dejado la nota en la habitación correcta.

En el hilo sonaba Soak