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domingo, 2 de junio de 2019

HilvanaNdo

... mis agujas


39ª Maleta

Puedo evitarte sin disimular cargando la agenda de eventos triviales, poniendo la tele en un canal al azar, conectando Radio 3 por las mañanas y gritando: "!las ochooooo!". Puedo esquivar tu penumbra haciendo brillar mi sombra, dejando la luz de la entrada encendida, manteniendo la cobertura en los trayectos largos. Puedo esforzarme por no pensar, por quitarle hierro a los asuntos que nos cruzan, por poner buena cara a tu tiempo. Pero nunca, nunca te llego a olvidar.

Te pretendo perdida dentro de mi laberinto mental, dificultar cualquier acceso a mis venas que te expanda, cualquier boceto que te proyecte, cualquier cimiento que te asiente y desde el que te eleves por encima de todo lo demás, egocéntrica, egoísta, estúpida tristeza. Te voy a hacer un traje a medida. Uno diminuto.

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Me apresuré a ir detrás de ella. Iba haciendo aspavientos y dando saltos. El bus tenía bajada una rampa de accesibilidad y por ella estaba descendiendo un chico en silla de ruedas. Movía la cabeza y las manos de forma errática, sonreía, estaba muy emocionado, feliz.

- ¡Mira Raúl!¡Ya estamos aquí!, ¿estás contento, precioso? - le decía al chico que no podía contener su alegría. - Ahora vamos a ver nuestra habitación y este botones nos va a llevar la maleta como a los príncipes de Arabia, ¿verdad que sí? - me miró asintiendo.
- Desde luego que sí, alteza. A su servicio - dije haciendo una reverencia ante los dos.

En el bus había otros cinco chicos y chicas más con algún tipo de problema que yo todavía no alcanzaba a entender pero todos con una ilusión que se irradiaba a través de su mirada. Rápidamente un sentimiento de admiración enraizó en mi cabeza. Aquello era totalmente maravilloso.


En el hilo sonaba Leiva 

domingo, 26 de mayo de 2019

GrabaNdo

... un mensaje


38ª Maleta

Aunque vivimos en el pasado es el futuro el que nos empuja. La certeza de que el río nos arrastrará hacia el enorme océano de forma constante, inevitable y siempre cuesta abajo. El presente no existe. Incluso el último rayo de luz que nos calienta ha desaparecido realmente minutos antes de que lo percibamos sobre nuestra piel. El sol no está donde lo vemos, está más adelante en el espacio. Y, como el que mira un partido de fútbol en la tele pero con la radio puesta me pregunto: ¿es realmente la vida en directo o tiene todo un instante de retardo?, ¿se puede intervenir en el intervalo en el que tomo una decisión equivocada y la ejecuto?


Nos mandan señales. Observa con atención. Aprende a interpretar tus sensaciones. Domínate. Avanza.

Y es que ante la improbable opción de que la lluvia empiece a caer hacia arriba solo tendrás una oportunidad de construir el futuro que crees que deseas. Una oportunidad a cada instante, pero una sola. No pierdas el tiempo. Llénalo de pasado memorable que otros se encarguen de recordar cuando no quede electricidad y la chispa sea el boca a boca que extiende los mitos inmortales.

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Con el ánimo en la UVI durante semanas había empezado a volverme una sombra más del Hotel. Mi carro emitía sonidos tristes y solitarios como los del motor de una nevera en una noche de verano. Todas las preguntas sobre mi futuro se respondían con ese mismo ruido anodino y una vez más la ausencia de objetivos, la falta de ilusión, el desconocimiento, las ideas difusas y la negación me impedían avanzar en ninguna dirección. Hasta que un día...

- Hola. ¿Tú eres el botones? - preguntó educadamente.
- Sí. ¿Puedo ayudarla en algo?
- ¡Genial! Pues sí. ¿Me podrías llevar esas maletas de allí a estas habitaciones? - dijo señalando un autobús pequeño a través de las puertas giratorias de la entrada.
Me entregó una hoja de pre-check in y al observarla con detenimiento me di cuenta de que muchas de las habitaciones eran adaptadas.
- Oh! ¿Necesita alguna silla de ruedas? - me apresuré a preguntarle - En el hotel tenemos alguna por si hace falta.
- Gracias, ¡no te preocupes!, ¡Venimos preparados! - dijo sonriendo mientras se alejaba hacia el bus.


En el hilo sonaba Rozalén

lunes, 6 de abril de 2015

AdmiraNdo

... la vida de los otros



                                14ª Maleta

- Feliz cumpleaños! - le espetó delante de todos obviaNdo su cara transpar-ente - te invitarás luego a unas cañitas, no?
Con la excusa y el estruendo, el resto de la oficina, que era de esas de cristal y sin paredes tan modernas que dicen que fomentan la comunicación y el trabajo en equipo pero que en realidad son un hervidero de chismorreos donde poner verde al vecino es deporte departamental, se fue acercando para agasajarla con distintos parabienes más o menos originales. Aunque comenzó colorada el besamanos en que se convirtió el primer café del día, pronto se hizo dueña de la situación repartieNdo sonrisas, besos y gestos tímidos pero perfectamente estudiados.

Cuando hubo pasado la marabunta y el murmullo recuperó el terreno perdido ante el jolgorio repentino, volvió a sentarse a su mesa trataNdo de recuperar el hilo de sus pensamientos tan súbitamente interrumpidos. Entre sus papeles garabateados con dibujos, al lado del portátil y enganchada por una esquina bajo su agenda encontró una polaroid que aún se resistía a revelar su contenido, luchaNdo contra la química de su propia naturaleza. Arrugó el ceño y achinó los ojos como si eso acelerase el proceso para desfruncir de golpe y abrirlos como platos cuando se descubrió a sí misma en un plano cercano tomado desde una perspectiva secundaria, sonrieNdo, rodeada por la gente que acababa de sentarse en sus asientos tras felicitarla. Inmediatamente levantó la mirada buscaNdo chocar con los mismos ojos que la habían inmortalizado; se giró levantaNdo las cejas, miraNdo al bulto como cuando se buscan las siete diferencias en la foto de un dominical, pero no halló nada discordante...

Fue al girar la polaroid cuando advirtió que había algo escrito en el dorso:

"Siempre se me ha dado mejor escribir que hablar. FeliZidades!"

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Una angustia desmedida me invadía a cada principio de turno. "No puedo seguir trabajaNdo en este Hotel, ¿cómo hacen los demás para prosperar?, vale que el dinero no lo es todo pero es que todo es cada vez más caro para el sueldo que gano y quiero viajar, quiero vivir por mi cuenta, quiero aspirar a cualquier cosa..."

- ¡Botones!, por favor, ¿podría llevar la maleta de la señorita y acompañarla hasta la puerta de su habitación?
- ¡Faltaría más!; con su permiso señorita - indiqué sujetáNdome el gorro mientras me inclinaba para coger el bulto.

"No puedo seguir trabajaNdo en este Hotel", mi cabeza va por libre.

Cuando llego a la habitación me doy cuenta de a quién he estado acompañaNdo todo el camino murmuraNdo entre dientes. Le abro la puerta de la suite y deposito la maleta en el recibidor.

- Muchas gracias.

Un euro más rico. La puerta se cierra ante mí. La vida son los instantes que dejamos escapar tanto o más que los que vivimos...