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miércoles, 13 de mayo de 2020

LabraNdo

... un nuevo futuro (5 de 5)


60ª Maleta

Se quedó mirando cómo entraba en el hotel a la espera de ese último vistazo. Ella se giró, le dedicó una sonrisa y le hizo un gesto de despedida antes de que las puertas automáticas de la entrada se cerraran reflejando el exterior. Se aseguró de la hora y echó a andar de vuelta a casa.

- Oye 'Siri', llama a 'la Pe' - le dijo al teléfono mientras conectaba los auriculares.
- Llamando... - contestó obediente el aparato. 
- ¡Hola! - respondió enseguida al otro lado - Me has pillado justo terminando una llamada por el 'zoom' con la gente de la compañía. ¿Cómo estás?
- ¿Qué pasa 'sis'? Todo bien por aquí. Ya estoy de camino a casa.
- ¿Mucho lío hoy? Estoy viendo por la tele la de gente que pasa de las normas del confinamiento y me acuerdo de ti mogollón. Tú ten mucho cuidado, ¿eh?
- El que tengo siempre, mujer, no me seas madre tú también - dijo con aire seco.
- No me seas poli tú, que soy tu hermana mayor. ¡Qué borde, hijo!. Anda cuéntame alguna anécdota de esta semana... - le pidió con tono zalamero.
- Pues mira, hoy hemos tenido que personarnos en una comunidad de vecinos en la que unos cuantos tenían montada una fiesta en la piscina.
- ¡Hay que ver!
- Y el otro día paramos a un tío que iba paseando un perro de peluche, ¿sabes estos que van con pilas y hacen un ruido artificial de ladrido, como muy agudo? Pues ahí estaba el tío entre los coches con el perro, tan pancho.
- ¡Jajaja! - se reía - No deberíais multar a la gente simpática.
- Poca guasa 'sis', que no veas cómo está el hospital de esta. Ella sí que me cuenta unas historias... ¿Sabes qué nos pasa? Que somos como el fumador que se levanta una mañana con tos y no fuma en todo el día, acojonado. Pero en cuanto se le pasa el susto se enciende otro cigarrillo. Algunos no se preocupan lo suficiente hasta que no les tocan en la cartera. - sentenció.
- Pues, ¿sabes lo que veo yo? Que el mundo está mejor sin nosotros. Sin la actividad humana, digo. Mira, por la mañana abro la ventana y los pájaros cantan alegremente sin ruido de coches ni nada. Cuando saco al perro he notado que el aire está limpio y, aunque te cruzas con gente y hay colas hasta para comprar el pan, puede uno escuchar la brisa entre los árboles, ¡si yo creo que les están saliendo hojas nuevas y todo! - dijo entusiasmada.
- Es Primavera, tampoco hay que venirse tan arriba.
- Tú me entiendes. Creo que de esta vamos a entender mucho mejor lo que es importante de verdad. La ciencia, la investigación, el respeto por la naturaleza, el equilibrio...
- Ojalá 'sis', ojalá. Yo solo espero que llegue el día en que no tenga que salir a por alguno porque no sepa comportarse, simplemente, de manera cívica y siguiendo las normas.
- Verás que de esta nos reinventamos y aprendemos.
- Ya te contaré...

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Bajamos juntos hasta las taquillas en silencio. Mi cabeza se debatía entre lo que acababa de pasar y el deseo de coger el móvil para escribir a Emma. No sabía muy bien cómo salir de la situación pero la recepcionista parecía ahora más calmada.

- Oye - le dije finalmente en la puerta de las taquillas - Yo, es que, justo había quedado para comer y me deben estar esperando, ¿te encuentras mejor?
- Sí, sí, no te preocupes, por favor. Ya se me ha pasado. Ha sido el momento, ¿sabes?
- Pero, si te apetece, cuando salgas podemos quedar con el barman y hablarlo o distraernos un poco...
- Gracias botones, pero no sé si tendré humor..., igual otro día, ¿vale?
- De acuerdo. Como quieras. ¡Ánimo con el turno! Y cualquier cosa me dices, ¿eh? - dije sacando el móvil del bolsillo y meneándolo en el aire.
- Eres un cielo. Venga, ¡vete a comer! - me dijo mientras entraba en el lavabo.

Eché un vistazo rápido a la pantalla bloqueada. Dos mensajes de Emma y una llamada del Barman.

- Botones, ¿te has perdido? - a las 15:12
- Me muero de hambre, ¡corre! - a las 15:13
- Escribiendo...

Volví a subir las escaleras corriendo por segunda vez y esta vez abrí la puerta del lobby sin detenerme a escuchar ningún sonido, lo crucé a toda prisa y salí a la puerta del hotel.
Pero Emma ya no estaba allí.


En el hilo sonaban Sidecars

viernes, 8 de mayo de 2020

JuzgaNdo

... al sistema (4 de 5)


59ª Maleta

- ¿Hoy te vuelves a quedar en el hotel? - le preguntó mientras caminaban separados.
- Ay nene, ya sabes cómo es esto. Estoy todo el día con los COVID y con la protección justita. Al principio, la que nos hacíamos nosotras con tela de chubasquero, ya sabes, y ahora reciclándolo todo para que nos dé más de sí. No nos queda más remedio que aislarnos de la mejor forma posible.
- Si lo sé, cariño, pero es que ya llevamos muchas semanas y el tenerte aquí delante y no poder verte la mitad de la cara ni darte un beso..., ¡me mata!
- Mira, la semana que viene nos van a hacer la prueba de la sangre por fin. A ver si alguna lo tiene y es asintomática, o si a lo mejor ya lo hemos pasado, porque esto es una lotería. Seguro que pronto os las empiezan a hacer a vosotros también que tenéis que estar en la calle y en contacto con la gente. Tú te pones las mascarillas que te di, ¿verdad?
- Me quedé solo con una y esta que llevo ahora. El resto las repartí entre los compis - respondió.
- Pero, ¡nene!
- Cariño, no iba a ser el único con mascarilla, ¿entiendes? Que es que ni nos la dan ni la puedes comprar en la farmacia - justificó rápidamente.
- ¡Ays, mi poli preferido! Ojalá toda la gente fuera igual que tú...
- La gente es buena en general. Solo que, a veces, necesitan que se lo recordemos.
- Sí, con una visita a mi planta, para que vean a la pobre gente que sedamos a diario para intubarles sabiendo que la mayoría ya no va a salir. Y con una charla con mi jefe de servicio que tiene que escoger a diario quién está lo suficientemente fuerte para resistir la sedación y quién no la resistiría porque no hay UCIs suficientes - dijo visiblemente afectada.
- Es horrible..., ¡pero por suerte te tienen a ti! - trató de animarla - Bueno, tú tranquila y descansa un poco, que ya estamos aquí.
- Menos mal que el hotel está al lado del 'hospi'. - dijo soltando un gran suspiro - pero cuéntame rápidamente, ¿cómo están todos?; ¿tus padres?; ¿tu hermana?
- Por suerte mis padres siguen bien y a mi hermana ahora la llamaré de camino a casa.
- Me alegro. ¡Ays, nene!, muchas gracias por venir y acompañarme. ¡Este ratito contigo me da la vida! - dijo a dos metros frente a él en la puerta del hotel.
- Ya te he dicho que a mí me la quita - bromeó él con la sonrisa resguardada tras la mascarilla.

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La pobre recepcionista estaba desconsolada y yo tampoco sabía qué decirle. La noticia también me había dejado tocado. Pero al mismo tiempo la vibración del móvil en el bolsillo me reclamaba. Sabía que sería Emma esperándome fuera. La paciencia no era uno de sus fuertes.

- ¿Quieres que subamos al 'The Level' y te cojo un agua de los snacks? - le pregunté intentando que volviera a centrarse un poco.
- Vale - dijo separándose - Pero tengo el bolso abajo, en la taquilla. Necesito coger unos pañuelos y pintarme un poco el ojo porque debo parecer un mapache ahora mismo.
- Tienes un par de churretones sí, pero mira, el Joker tampoco es que se hiciera la raya con escuadra y cartabón y ha llenado los cines de todo el mundo para verle el careto.
- ¡Jajaja! - se le escapó una carcajada - ¡Ay botones! Siempre me sacas una sonrisa - dijo mirándome directamente a los ojos.
- ¿Ah, sí? - dije un poco atontado por el color verdoso que habían cogido los suyos con tanta lágrima.
- Aham - asintió con la cabeza sin dejar de mirarme.

La puerta de la escalera del primer piso se abrió de golpe haciéndonos pegar un respingo a los dos. El jefe de ventas iba hablando por teléfono.

- No te preocupes Juan Carlos. Mañana lo miramos sin falta y te envío la propuesta, ¿de acuerdo? - nos pasó por al lado sin prestarnos atención y abrió la puerta del lobby - ¡Jajaja, si es que eres un figura! Oye, te dejo que... - la puerta se cerró y nos dejó de nuevo en el silencio de la escalera.

- Entonces..., ¿bajamos? - acerté a decirle.
- Sí, sí, claro... - y se puso en marcha bajando el peldaño que nos separaba.


jueves, 7 de mayo de 2020

GobernaNdo

... emociones (1 de 5)


56ª Maleta

- Macho, es que es acojonante que tengamos que seguir personándonos por estos avisos después de toda la información que se ha compartido. ¡Esto no se va a acabar nunca! - se quejaba uno de ellos mientras caminaban hacia los coches.
- La gente que no vive un caso cercano piensa que esto está pasando en la tele, tío, que es cosa de otros, que no va con ellos - comentaba la compañera.
- Lo peor son los que nos tratan como a los malos hagamos lo que hagamos, colega. Y encima que tengamos que ir 'a pelo', ¡buah! - decía el tercero.
- Venga, venga, ¡menos quejas! Si os di a los dos las mascarillas esas que conseguí del hospital y ni siquiera os las ponéis.
- Porque tienen cuatro horas de efectividad, ¡como mucho! - respondió uno.
- La mía se rompió en la segunda puesta. Pero sabes que no tendríamos que andar así. Nos deberían dotar correctamente - apuntilló el otro.
- Sí, ya sé, ya sé. Y tienes razón, pero somos privilegiados por dedicarnos a lo que nos gusta.

En ese momento empezaron a resonar aplausos en el bloque de edificios frente al que habían parado para atender al aviso de un vecino informando de varios bañistas en las zonas comunes.

- ¿Veis lo que os digo compañeros? Esto es lo que tenemos que grabarnos. Hay mucha más gente normal y cívica que con la que tenemos que lidiar cada día. - y se giró hacia los balcones para devolver el aplauso haciendo que sus tres compañeros imitaran el gesto levemente.
- Venga, ¡buen turno! - les dijo antes de entrar en el zeta con su compañera y hacer sonar la sirena en señal de agradecimiento.

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- Pues ahí vamos - contestó Emma - Las cosas se están complicando en mi hotel, pero vamos, nada que tú no sepas porque estaréis más o menos igual, ¿no?
- No me hables, justo acabamos de salir de una reunión y...

El teléfono de Emma empezó a sonar oportunamente.

- Ay, perdona, tengo que contestar.
- ¡Claro! No te preocupes - dije alejándome un paso.
- ¿Cariño? Sí, estoy aquí fuera ya - quedó escuchando unos segundos y prosiguió - Jolín cariño, ¿y no me podías haber avisado antes? - dijo con tono contrariado - Bueno, pues nada. Ya me como yo algo por aquí porque a estas horas, ¡tú me dirás!

Siguió hablando unos pocos segundos y se acercó visiblemente disgustada.

- ¿Todo bien? - pregunté.
- Me han dejado tirada y con el estómago vacío, ¿te lo puedes creer?
- ¡No me digas! Yo acabo ya en nada, diez minutos. ¿Quieres que te acompañe? La verdad es que ahora que lo has dicho también tengo hambre.
- Pero, ¿te vas a cambiar?
- Sí, claro, no voy a ir con el uniforme. Pero no tardo nada. Enseguida estoy aquí. Se me ha ocurrido un Thai que te va a encantar, ¿te apetece?
- ¡Venga va! ¡Qué hambre! ¡Corre!


En el hilo sonaban Angus & Julia Stone

miércoles, 29 de abril de 2020

FondeaNdo

... frente a la costa


55ª Maleta

Sus padres creen que el futuro está en la universidad. Estudiar una carrera se ha vuelto una obligación y la selectividad parece la única meta del último curso escolar. Pero, incluso cuando aún había clases presenciales y la inercia del grupo le remolcaba, no tenía ni idea de a dónde quería ir a parar. En cada recreo escuchaba sin participar las motivaciones de unos y de otros y envidiaba en cierto modo a los que tenían muy claro su camino. Teleco, medicina, comunicación, farmacia...

Soñaba que flotaba en el mar con los ojos cerrados y los brazos separados a cada extremo con la esperanza de que la marea le arrastrara hacia la orilla y le diera la respuesta. Pero después de varios minutos de silencio con los oídos bajo el agua se encontraba tan adentro que ni siquiera hacía pie. Los nervios le invadían, los músculos se le agarrotaban y la pleamar le engullía cada vez más lejos de la arena. Entonces despertaba de golpe y la angustia le mantenía en duermevela.

Una tarde desde el balcón observó un par de coches de la policía. Tres hombres y una mujer uniformados caminaban por la acera hacia ellos cuando el reloj dio las ocho en punto y los aplausos empezaron a multiplicarse. Antes de entrar a los coches los oficiales devolvieron tímidamente el aplauso hacia el bloque de viviendas y al entrar hicieron sonar las sirenas en un gesto cómplice y agradecido. No le dio mayor importancia.

Esa noche se encontró de nuevo ondulando sobre el agua, alejado de la playa, luchando contra la resaca, tragando espuma con sabor a sal. Pero cuando iba a darse por vencido un hombre apareció nadando hacia él directamente:


"Tranquilo, soy policía. No luches, te vengo a ayudar"


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Salí el primero de la reunión con una mezcla en mi cabeza que incluía enfado, confusión y miedo, refunfuñando entre dientes, disgustado. Empujé la puerta de seguridad del lateral de la giratoria y me paré unos metros por delante de la entrada del hotel en busca de aire fresco para limpiar mi mente. Desde allí observé a la gente que pasaba por la acera, los coches del semáforo un poco más adelante, una moto acelerando con estruendo... Pensé que no lo entendía; el mundo seguía girando.

- Menuda carita botones. Ya no sé si entrar o quedarme aquí fuera.
- ¡Emma!, ¿qué haces aquí? - pregunté sorprendido.
- Solo pasaba porque he quedado para comer, ya sabes...
- Oh claro, claro, perdona. Es solo que hacía tiempo que no te veía. Desde... - levanté la mirada como buscando la respuesta aunque la conocía perfectamente - ¡Uf!, mucho tiempo, ¿no?. Y, ¿qué tal estás?, ¿cómo va todo?

* * *

- Oiga jefe, ¿sabe quién es esa chica con la que habla el botones en la entrada? - preguntó la recepcionista del The Level.
- Es una antigua compañera que trabajaba aquí hace algún tiempo - respondió el jefe de recepción - Todavía no teníamos la recepción de arriba.
- ¡Ah! Qué guapa, ¿no jefe? Qué bien rodeado ha estado usted siempre, ¿eh? - le dijo guiñándole un ojo y con la intención de cambiar un poco la sensación que aún pesaba tras la reunión.
- La empresa siempre ha contratado a los mejores profesionales. - dijo manteniendo su tono serio - A propósito, necesito robarle un minuto más, ¿puede ser ahora mismo?. Hay algo que debo comentarle.


En el hilo sonaban Club del río & Travis Birds

lunes, 26 de noviembre de 2018

ZigzagueaNdo

... entre tus piernas


35ª Maleta

Habitualmente la recta es el trayecto más directo y efectivo pero también el menos divertido y apasionante. Conseguirlo todo a la primera sin exprimir las posibilidades, entumeciendo ingenio e inventiva, no tiene casi nada de incentivo. Es preferible andar por carreteras en las que el tiempo sea secundario, no aptas para los que se marean fuera de su confort preestablecido ni para los que quieren cruzar metas en vez de disfrutar de su camino.

Y giro, y tumbo, y pienso qué será lo más inmediato en darme alcance, lo siguiente, y pongo contrapeso en la balanza, corrijo, abro gas, trazo el destino...

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Después de darle muchas vueltas me había decidido por encontrarnos en la puerta de su hotel con unas opciones de planes dentro de sobres que ella debería elegir y descartar de dos en dos sobre la marcha. Cada sobre tenía por fuera una imagen o un logotipo para ayudar en la elección y, en el interior, una pequeña descripción del lugar que terminaba siempre con una pregunta: "¿Sabes ya a dónde me llevas?".

Yo estaba esperando en la acera de enfrente justo delante de la entrada. Solo unos pocos minutos después de la hora a la que me había dicho que terminaba el turno apareció en el gran portalón, miró a un lado y al otro de la acera y se puso a rebuscar el móvil dentro del bolso. Rápidamente escribí: "Hola! Estoy justo enfrente! :)". Al instante levantó la mirada y me saludó con la mano y una enorme sonrisa.

Me disponía a cruzar cuando apareció un taxi, una motillo eléctrica de esas compartidas, un autobús de linea, una furgoneta..., todos los coches de Madrid, pensé. El taxi se detuvo haciendo parar al autobús justo delante de la puerta del hotel. Ya estaba yo a mitad de cruce cuando el bus terminó de apartarse y descubrí que Emma estaba acompañada. Tropecé con el bordillo de la acera y me fui de narices contra el suelo desparramando los sobres a los pies de ambos.

En el hilo sonaba Rayden & Mäbu

viernes, 26 de octubre de 2018

UltimaNdo

... preparativos


33ª Maleta

Salgamos hoy de viaje llueva, nieve o haga sol. Dejemos de lado el ruido de la ciudad y del despertador. Miremos hacia delante con una mano sobre la frente como el vigía despistado que ha olvidado el catalejo. Gritemos, ¡tierra a la vista!, desde una nave espacial que de tres vueltas al mundo sin parar a repostar. Rasguemos el mapamundi a país por continente y pongamos cara a la gente que siente como nosotros habitando en un lugar diferente.

Reunidos, aquí presentes, lleguemos a la conclusión de que solo hay una vida sin tiempo de preparación.

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Echamos la tarde entre actualizaciones de vidas, anécdotas, risas y botellines de Mahou. En aquel bar te ponían una caja debajo de la mesa donde te iban colocando los cascos de cristal consumidos. Cuando llegaba el 'Juernes' o el fin de semana eso se convertía en una competición entre mesas a ver quién llenaba más cajas y ese día estábamos a la cabeza de la clasificación de la terraza.

La gente se fue marchando poco a poco, primero los que tenían familia esperando en casa, luego los que tenían turno al día siguiente, hasta que quedamos los cierra-bares de siempre.

- Bueno chicos, me voy que mañana quiero ir al gimnasio - dijo el barman que se había unido al salir.
- Sí, y yo voy al Retiro a patinar con unas amigas - comentó la segunda de recepción.
- Si bueno, y yo a correr media maratón, ¿no te digo?. ¿Cómo os habéis vuelto todos tan deportistas? - dijo Emma un tanto incrédula.
- Dí que sí, tú no te dejes vencer por las modas healthy. Mañana, de cañas desde mediodía.
- !Eh! Desde la una de la tarde botones, que no vaya a parecer que soy una borracha.

Y caminamos los cuatro riendo hacia el metro a ver si pillábamos el último tren de la noche.

En el hilo sonaba Maroon 5 

jueves, 18 de octubre de 2018

QuerieNdo

... besarte




32ª Maleta

En el listado de mis deseos está tu boca rosada y libre, tus labios rasgados y vigorosos, tu forma de hablar y de sonreír. El genio que exhalas, que no concede, que pone a prueba y hace pensar. El súbito grito involuntario que atempera emociones y expresa ilusión. La pausa que encierra pensamientos mudos, la voz que me calma, la mueca, el tic.

Cerrando los ojos me acerco y te intuyo, cerrando los tuyos, dejándote ir...

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Habíamos quedado un grupo de los de recepción para tomar algo a la que terminara el turno de tarde. Yo había estado de mañana y ya estaba sentado tomando las primeras cañas con algunos. Solíamos quedar en una plaza cercana y aprovechar las terrazas mientras el otoño suave todavía nos lo permitiera.

- Mirad a quién os traigo - dijo la segunda de recepción mientras se acercaba a donde estábamos.

Yo estaba de espaldas a donde venían y me tuve que girar para mirar.

- ¡Emma! - casi me caigo de la silla.

Los tres que estábamos allí nos levantamos para dar besos y enseguida me puse a buscar una silla libre entre las demás mesas ocupadas de la terraza.

- Camarero; por favor, una ronda de tercios que estamos de reencuentros - dijo ella con una sonrisa.

Parecía como si nunca se hubiera marchado...

En el hilo sonaba Ariel Rot

martes, 2 de octubre de 2018

NavegaNdo

... en el Rêve de Mousse*


30ª Maleta

Para transformar el mundo hay que tener una energía inagotable de esas contagiosas que te empujan a ir más lejos de lo que nunca pensaste llegar. Hay que dormir lo justo para recargar baterías, mantener los ojos abiertos después de la medianoche, madrugar por la mañana para ver salir el Sol.

Para provocar un cambio hay que ser apasionada, enfocar el objetivo, dejar los miedos atrás. Hay que recoger arena de playas y de desiertos, andar con los pies descalzos, olvidarse de almorzar.

Para proyectar avances, para hacerlos realidad, hay que arrinconar prejuicios, enfrentarse a la verdad, hay que arriesgar la sonrisa en una mesa de black-jack y cuando el casino gane, que seguro ganará, recoger los aparejos, volver a hacerse a la mar.

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- ¿Qué os pareció la fiesta del otro día? - pregunté interesado por escuchar diferentes opiniones.
- Yo lo pasé bastante bien a pesar de tener que trabajar - respondió el barman mientras sacaba brillo a la cucharilla trenzada de los gin-tonic.
- Hombre claro, ¡si te ligaste a la agente esa de los Japoneses! - dijo el maître inclinándose sobre la barra para darle con la palma abierta en el hombro.
- ¡Calla hombre!, que es la sobrina de la gobernanta - replicó hablando entre dientes y abriendo mucho los ojos. Fue este que me la trajo a la barra y estaba tan en su mundo que la chica terminó hablando más conmigo.
- Pero botones, ¿en qué pensabas? No me digas que todavía le das vueltas a lo de la recepcionista aquella..., ¿cómo se llamaba?
- Emma..., ¿vosotros sabéis por qué se fue así tan de repente? - llegué por fin al punto que quería.
- Ya sabes como son esos puestos de rotativos.
- Sí, los de ventas siempre están comentando las nuevas adquisiciones.
- Ahí quería yo llegar, ahí. ¿No son demasiado..., pesados?

El barman se encogió de hombros sin decir nada pero yo ya había hincado el diente y no iba a soltar la presa así como así.



En el hilo sonaba ZAZ

* A la enérgica cineasta Elena Molina

jueves, 23 de agosto de 2018

FantaseaNdo

... con el éxito




25ª Maleta

He venido a buscarte porque merece la pena que me sigas hasta allá arriba. Confía en mí, te va a encantar. No pienses, olvida el vértigo, la sensación de inestabilidad y, sobre todo, la pereza. Después del madrugón, la ruta en autobús, el viaje en avioneta, el vuelo en helicóptero y la travesía en barco no puedes dejar de seguirme a lo alto de esta colina roja. Son solo unos cuantos pasos.

En la cima te he preparado una roca para que te sientes si la emoción te embriaga el equilibrio, la impresión te hace sentir pequeña o si, simplemente, quieres un minuto para cerrar los ojos, respirar y experimentar de verdad la sintonía con un lugar único en el mundo al que jamás imaginaste asomarte. Dame la mano. Pisa en mis huellas. Yo te acompaño.

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Los días después del anuncio todos permanecíamos a la expectativa. Una fusión con una gran cadena podía traernos cosas positivas pero la incertidumbre también era una sensación extendida.

Era el final del turno y ya enfilaba hacia la puerta giratoria.

- Te anuncio que dejo el hotel, Botones - dijo Emma entre inquieta y algo asustada.

Un escalofrío me recorrió la espalda desde el cuello. De pronto me di cuenta de que ella era la razón principal por la que venía a repartir maletas por las habitaciones, mucho más que mi sueldo mas propinas. Ella y su dulce predisposición a hacerme sentir bien solo con su presencia en la recepción...

- ... pues habrá que celebrarlo - acerté a decir finalmente - ¿te hace una caña?
- Por favor, ¡eso ni se pregunta!

En el hilo sonaba The Temper Trap

sábado, 18 de agosto de 2018

CambiaNdo

... el paso



24ª Maleta

Érase un muñeco nuevo y bien hilado con los ojos grandes y la boca torcida de girar el cuello mirando hacia arriba, asombrado por todo aquello que le sobrepasaba por insólito y desconocido. El tamaño de las cosas era extraordinario y casi nada le cabía en su mano de tela suave y perfumada. Era libre de explorar por cualquier lado con una sola excepción: cruzar la calle. Para eso siempre necesitaba el auxilio firme y decidido de otra mano que guiaba su camino a través del asfalto.

Érase un joven enérgico y bien formado con gafas de sol y una guitarra heredada de una hippie de festival, confiado por la dudosa certeza de que el mundo gira alrededor de sus pensamientos. La dimensión de las cosas fluctuaba entre lo palpable y lo inexistente. Se sentía autónomo y seguro en todas las situaciones excluyendo una muy concreta: estar con ella. Ahí siempre precisaba de un tirón de brazo que adiestraba sus impulsos haciéndole tomar consciencia de su propia respiración.

Érase un abuelo centenario y bien llevado con córneas operadas y una voluntad arrolladora por seguir vivo, enfrentado al reloj de arena que se empeñaba en enterrarle a base de sopladuras. La medida de las cosas se difuminaba a veces en un recuerdo vaporoso. Quería hacer más de lo que sus piernas le permitían y desde luego había algo que le resultaba imposible: subir escaleras. En esa situación siempre requería de un apoyo consistente y entregado a sacarle, al menos un rato, de su rutina en el banco de la paciencia.

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El director convocó a todo el staff en el salón de actos más grande del hotel. Hacía tiempo que veíamos movimiento en los despachos y por fin nos íbamos a enterar de qué ocurría.
- Esto no pinta bien - comentaba entre dientes el jefe de recepción.
- ¿Sabes algo que no sepamos?
- Sí, jefe, comparte información - le dijo Emma inclinándose por delante de la fila en la que estábamos sentados.
- Shhh! escuchad, que ya empieza - avisó la gobernanta señalando el atril.
- Madre mía, ni el discurso del Rey!

En el hilo sonaba Passenger

lunes, 30 de marzo de 2015

EscribieNdo

... con tinta invisible




13ª Maleta

Es un problema perder la memoria poco a poco, es un inconveniente diluir recuerdos como aspirinas efervescentes y perder acceso a la cualidad reparadora de las burbujitas que se escapan de la copa. Es un dilema olvidar entre qué dos opciones debes elegir y qué palabra es la adecuada para decantar la situación en favor de tu vaso y que la gota que lo colme traiga a tu mente un borrón difuso en lugar de una imagen nítida de algo, posiblemente agradable, probablemente genial e indudablemente memorable.

Para cuando recuerde el por qué de los recuerdos habré olvidado que me hice una pregunta y responderé que sí, ¡seguro!, porque no recuerdo haber aprendido a decir que no, excepto si me preguntas si me he acordado de algo que me pediste que te recordara...

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Cuando empieza la temporada alta hay mucho trabajo en todos los departamentos del Hotel. El teléfono no deja de sonar y los días empiezan a volar hasta que pasa el verano y todo vuelve a ralentizarse. Estos días no hay tiempo para charlar, no hay ratos muertos que rellenar, no hay un momento de respiro y terminar el turno es el objetivo principal.
- ¿Ya tienes ganas de irte? ¡Pero si acabas de llegar! - me dijo Enma mientras se ponía una cazadora vaquera con un solo movimiento de los hombros.
- No me quiero ir por no estar aquí; me quiero ir para estar contigo en una terracita, que no es lo mismo.
Sonrió y me guiñó un ojo desde la puerta giratoria.
- Miedo me das Botones, miedito!!!


domingo, 22 de marzo de 2015

ProponieNdo

... alternativas




12ª Maleta

Me propongo no ser tan pusilánime, no ser tan evidente, no dejarme impresionar, no ser tan ignorable. Me sugiero avanzar sobre lo irrecuperable, enterrar los desaciertos, ordenar la nostalgia en taquillas de vestuarios y agotar con esfuerzo el tiempo silente de la insomne madrugada.

Me gustaría ser corajudo, emprendedor, dispuesto, confiado. Quisiera arder de forma espontánea, ser chispa en vez de pólvora, la luz de un artificio permanente, el haz de una linterna en luna nueva, el perímetro exterior en un eclipse absoluto, el faro de un cometa ingobernable. 

Desearía no gustar, sino ser del gusto de cualquiera que se empeñe en no ser accesorio y prescindible.

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- No voy a ser un Botones toda la vida - comentaba con la Recepcionista - Y que nadie me entienda mal, que yo estoy muy contento con lo que hago, pero... algo me falta.
- Pues yo te veo ideal con tu uniforme y ese sombrero tan gracioso.
- Ya ya, pero no me miras como al Jefe de Ventas, eh? - le dije achinando la mirada con mi cara pícara de sospechar.
- Jajaja! Yo te quiero a ti, Botones! - afirmó tirándome un beso antes de coger el teléfono - Hotel Kimera le atiende Enma, ¿en qué puedo ayudarle?

¿Qué tendrá el poder? El poder vestir un buen traje cada día, el poder viajar al otro lado del mundo, el poder vivir en un piso reformado en pleno centro...
Otro cliente de negocios entraba a través de la puerta giratoria y me dirigí enseguida hacia él confiaNdo en mejorar maleta a maleta.