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viernes, 8 de mayo de 2020

JuzgaNdo

... al sistema (4 de 5)


59ª Maleta

- ¿Hoy te vuelves a quedar en el hotel? - le preguntó mientras caminaban separados.
- Ay nene, ya sabes cómo es esto. Estoy todo el día con los COVID y con la protección justita. Al principio, la que nos hacíamos nosotras con tela de chubasquero, ya sabes, y ahora reciclándolo todo para que nos dé más de sí. No nos queda más remedio que aislarnos de la mejor forma posible.
- Si lo sé, cariño, pero es que ya llevamos muchas semanas y el tenerte aquí delante y no poder verte la mitad de la cara ni darte un beso..., ¡me mata!
- Mira, la semana que viene nos van a hacer la prueba de la sangre por fin. A ver si alguna lo tiene y es asintomática, o si a lo mejor ya lo hemos pasado, porque esto es una lotería. Seguro que pronto os las empiezan a hacer a vosotros también que tenéis que estar en la calle y en contacto con la gente. Tú te pones las mascarillas que te di, ¿verdad?
- Me quedé solo con una y esta que llevo ahora. El resto las repartí entre los compis - respondió.
- Pero, ¡nene!
- Cariño, no iba a ser el único con mascarilla, ¿entiendes? Que es que ni nos la dan ni la puedes comprar en la farmacia - justificó rápidamente.
- ¡Ays, mi poli preferido! Ojalá toda la gente fuera igual que tú...
- La gente es buena en general. Solo que, a veces, necesitan que se lo recordemos.
- Sí, con una visita a mi planta, para que vean a la pobre gente que sedamos a diario para intubarles sabiendo que la mayoría ya no va a salir. Y con una charla con mi jefe de servicio que tiene que escoger a diario quién está lo suficientemente fuerte para resistir la sedación y quién no la resistiría porque no hay UCIs suficientes - dijo visiblemente afectada.
- Es horrible..., ¡pero por suerte te tienen a ti! - trató de animarla - Bueno, tú tranquila y descansa un poco, que ya estamos aquí.
- Menos mal que el hotel está al lado del 'hospi'. - dijo soltando un gran suspiro - pero cuéntame rápidamente, ¿cómo están todos?; ¿tus padres?; ¿tu hermana?
- Por suerte mis padres siguen bien y a mi hermana ahora la llamaré de camino a casa.
- Me alegro. ¡Ays, nene!, muchas gracias por venir y acompañarme. ¡Este ratito contigo me da la vida! - dijo a dos metros frente a él en la puerta del hotel.
- Ya te he dicho que a mí me la quita - bromeó él con la sonrisa resguardada tras la mascarilla.

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La pobre recepcionista estaba desconsolada y yo tampoco sabía qué decirle. La noticia también me había dejado tocado. Pero al mismo tiempo la vibración del móvil en el bolsillo me reclamaba. Sabía que sería Emma esperándome fuera. La paciencia no era uno de sus fuertes.

- ¿Quieres que subamos al 'The Level' y te cojo un agua de los snacks? - le pregunté intentando que volviera a centrarse un poco.
- Vale - dijo separándose - Pero tengo el bolso abajo, en la taquilla. Necesito coger unos pañuelos y pintarme un poco el ojo porque debo parecer un mapache ahora mismo.
- Tienes un par de churretones sí, pero mira, el Joker tampoco es que se hiciera la raya con escuadra y cartabón y ha llenado los cines de todo el mundo para verle el careto.
- ¡Jajaja! - se le escapó una carcajada - ¡Ay botones! Siempre me sacas una sonrisa - dijo mirándome directamente a los ojos.
- ¿Ah, sí? - dije un poco atontado por el color verdoso que habían cogido los suyos con tanta lágrima.
- Aham - asintió con la cabeza sin dejar de mirarme.

La puerta de la escalera del primer piso se abrió de golpe haciéndonos pegar un respingo a los dos. El jefe de ventas iba hablando por teléfono.

- No te preocupes Juan Carlos. Mañana lo miramos sin falta y te envío la propuesta, ¿de acuerdo? - nos pasó por al lado sin prestarnos atención y abrió la puerta del lobby - ¡Jajaja, si es que eres un figura! Oye, te dejo que... - la puerta se cerró y nos dejó de nuevo en el silencio de la escalera.

- Entonces..., ¿bajamos? - acerté a decirle.
- Sí, sí, claro... - y se puso en marcha bajando el peldaño que nos separaba.


domingo, 16 de agosto de 2015

EmpaquetaNdo

... el equipaje del verano




17ª Maleta

Cómo vuela el tiempo cuando no miras el reloj, cuando la claridad y no la alarma es tu despertador, cuando la flecha en la brújula bordea el límite de la costa y comes con hambre, bajo la sombra, en un lugar distinto cada vez...

Qué rápido pasan los momentos de total relajación, el lapso entre que el sol se despide sumergido en un baño de mar y las perséidas se dispersan en un fondo azul oscuro casi negro concediendo tres deseos por minuto...

Se fugan en un fluir incontenible las notas de una música en la playa, las gotas de sudor de mi cerveza, los lienzos de una cama balinesa, las vistas de postal, la paz sin tregua, los pájaros que rondan mi cabeza y que vuelan tras de mí allí adonde vaya...

Me dejaría domar por el instinto de la supervivencia más salvaje pero me paro a hacer el equipaje, a empaquetar los instantes vividos, a buscarle un espacio en mi maleta a todo lo que carga mi energía, aquello que me trata con más mimo. No necesitaré guías de viaje. Allí donde voy conozco el camino. 

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El barco zarpa a las 16:50. No es el último barco del día pero sí el que llegará a puerto a tiempo de coger el último bus de vuelta a casa. Me desagrada el regusto que dejan los finales y detesto la sensación palpable de la caducidad. Por esa razón me empeño en darle un sentido positivo a cada paso, tener un detalle, regalar una sonrisa, proyectar una ilusión que se eleve más alto y con más fuerza que cualquier certeza.

Dejo a mi espalda una Isla con sus pañuelos para lágrimas de alegría y pongo proa de regreso al Hotel y al desafío de un nuevo reto. En realidad, nunca sabes donde puedes terminar... o empezar.

En el hilo sonaba Vetusta Morla