32ª Maleta
En el listado de mis deseos está tu boca rosada y libre, tus labios rasgados y vigorosos, tu forma de hablar y de sonreír. El genio que exhalas, que no concede, que pone a prueba y hace pensar. El súbito grito involuntario que atempera emociones y expresa ilusión. La pausa que encierra pensamientos mudos, la voz que me calma, la mueca, el tic.
Cerrando los ojos me acerco y te intuyo, cerrando los tuyos, dejándote ir...
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Habíamos quedado un grupo de los de recepción para tomar algo a la que terminara el turno de tarde. Yo había estado de mañana y ya estaba sentado tomando las primeras cañas con algunos. Solíamos quedar en una plaza cercana y aprovechar las terrazas mientras el otoño suave todavía nos lo permitiera.
- Mirad a quién os traigo - dijo la segunda de recepción mientras se acercaba a donde estábamos.
Yo estaba de espaldas a donde venían y me tuve que girar para mirar.
- ¡Emma! - casi me caigo de la silla.
Los tres que estábamos allí nos levantamos para dar besos y enseguida me puse a buscar una silla libre entre las demás mesas ocupadas de la terraza.
- Camarero; por favor, una ronda de tercios que estamos de reencuentros - dijo ella con una sonrisa.
Parecía como si nunca se hubiera marchado...
En el hilo sonaba Ariel Rot





