58ª Maleta
Al terminar su turno se acercó hasta el hospital. Cuando pasaba a recoger a su novia acostumbraba a esperarla dentro del coche pero llevaba ya unas semanas llegando a pie hasta la entrada. Cruzó la calle y se acercó a un limpiabotas que estaba apostado en la acera a las puertas del hospital casi desde el primer día que empezó el confinamiento.
- Caballero, ¿cómo se encuentra usted hoy? ¿Mucho trabajo? - preguntó al hombre que se afanaba encolando la suela a unas zapatillas de tela.
- ¡Señor agente! Hoy ha sido un día bueno, no me puedo quejar. Además, le estaba esperando a usted y ya sabe lo contento que me pone verle. ¿No quiere que le repase el calzado? - se ofreció - Hoy no viene de uniforme.
- Muchas gracias amigo, pero hoy vengo a recoger un paquete y me lo he puesto todo tan limpio como cuando vengo uniformado - le respondió.
- Ya sabe lo que yo digo. El atuendo de un hombre es su tarjeta de presentación y su calzado debe brillar tanto como su sonrisa. Por eso yo siempre llevo mi traje y mis zapatos - dijo el hombre abriendo los brazos en pose.
- ¡Anda, truhán!, que los dos sabemos para quién te vistes así de elegante tú, ¿estás preparado? - dijo sacando el móvil del bolsillo - Venga, ¡vamos allá!.
Marcó la videollamada y enseguida apareció una cara al otro lado.
- ¡Hola cariño! Ya estoy aquí en la puerta con mi amigo. ¿Estáis listas?
- ¡Hola nene! Estamos preparadísimas. Voy a acercar un poco el teléfono, ¿vale? Preparaos por ahí también. Ahora te veo. ¡Mua! - le lanzó un beso.
La enfermera enfocó la cámara hacia la cama donde una mujer yacía aislada desde hacía varias semanas para que pudiera ver y oír a su marido al otro lado durante unos pocos minutos. La sonrisa del limpiabotas relumbraba en la pantalla y hacía asomar a la de su mujer que despertaba cada día siguiendo los pasos que le había enseñado la enfermera con la ilusión de volver pronto a casa junto a su marido.
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- Botones, ¡qué susto me has dado! - dijo poniéndose en pie de golpe y secándose las mejillas con el dorso de la mano.
- ¿Qué te pasa? ¿Es por lo de la reunión? Todavía no sabemos qué va a pasar. - intenté calmarla - Todo esto podría quedar en nada, además, no creo que estemos obligados a aceptar lo que nos han pedido. A ver, no soy un experto, pero suena a..., improvisado, ¿no crees? Te digo una cosa, ahora he quedado a comer, pero esta tarde vuelvo y se lo contamos al barman. Seguro que nos saca de dudas. Ya sabes que ese chico tiene conocimientos de urraca - dije tratando de animarla.
- ¡Desde luego! - respondió con media sonrisa - Pero no hay mucho que aclarar en mi caso.
- ¿Cómo que en tu caso? ¿Te han dicho algo diferente? - pregunté sorprendido.
- Yo llevo aquí poco tiempo botones, todavía no se han cumplido tres meses y... - empezó a emocionarse de nuevo.
- ¿¡Y qué!?
- Pues..., que el jefe me ha dicho que me van a rescindir el contrato como si no hubiera superado el periodo de prueba - rompió a llorar de nuevo y se abrazó a mí desde su escalón.
- ¿¡Cómo!? - exclamé realmente sorprendido - Pero..., ¿así, sin más?
- Eso me ha dicho - dijo con la voz acolchada en mi pecho - Que no era cosa suya para nada y bla bla... pero esta será mi última semana - articuló entrecortada por la llorera.
- ¡Mierda!..., ¿en serio?..., joder..., lo siento mucho - dije con sinceridad.
En mi bolsillo, el móvil no paraba de vibrar.
En el hilo sonaba Jake Houlsby

