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viernes, 8 de mayo de 2020

IdeaNdo

... nuevos planes (3 de 5)


58ª Maleta

Al terminar su turno se acercó hasta el hospital. Cuando pasaba a recoger a su novia acostumbraba a esperarla dentro del coche pero llevaba ya unas semanas llegando a pie hasta la entrada. Cruzó la calle y se acercó a un limpiabotas que estaba apostado en la acera a las puertas del hospital casi desde el primer día que empezó el confinamiento.

- Caballero, ¿cómo se encuentra usted hoy? ¿Mucho trabajo? - preguntó al hombre que se afanaba encolando la suela a unas zapatillas de tela.
- ¡Señor agente! Hoy ha sido un día bueno, no me puedo quejar. Además, le estaba esperando a usted y ya sabe lo contento que me pone verle. ¿No quiere que le repase el calzado? - se ofreció - Hoy no viene de uniforme.
- Muchas gracias amigo, pero hoy vengo a recoger un paquete y me lo he puesto todo tan limpio como cuando vengo uniformado - le respondió.
- Ya sabe lo que yo digo. El atuendo de un hombre es su tarjeta de presentación y su calzado debe brillar tanto como su sonrisa. Por eso yo siempre llevo mi traje y mis zapatos - dijo el hombre abriendo los brazos en pose.
- ¡Anda, truhán!, que los dos sabemos para quién te vistes así de elegante tú, ¿estás preparado? - dijo sacando el móvil del bolsillo - Venga, ¡vamos allá!.

Marcó la videollamada y enseguida apareció una cara al otro lado.

- ¡Hola cariño! Ya estoy aquí en la puerta con mi amigo. ¿Estáis listas?
- ¡Hola nene! Estamos preparadísimas. Voy a acercar un poco el teléfono, ¿vale? Preparaos por ahí también. Ahora te veo. ¡Mua! - le lanzó un beso.

La enfermera enfocó la cámara hacia la cama donde una mujer yacía aislada desde hacía varias semanas para que pudiera ver y oír a su marido al otro lado durante unos pocos minutos. La sonrisa del limpiabotas relumbraba en la pantalla y hacía asomar a la de su mujer que despertaba cada día siguiendo los pasos que le había enseñado la enfermera con la ilusión de volver pronto a casa junto a su marido.

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- Botones, ¡qué susto me has dado! - dijo poniéndose en pie de golpe y secándose las mejillas con el dorso de la mano.
- ¿Qué te pasa? ¿Es por lo de la reunión? Todavía no sabemos qué va a pasar. - intenté calmarla - Todo esto podría quedar en nada, además, no creo que estemos obligados a aceptar lo que nos han pedido. A ver, no soy un experto, pero suena a..., improvisado, ¿no crees? Te digo una cosa, ahora he quedado a comer, pero esta tarde vuelvo y se lo contamos al barman. Seguro que nos saca de dudas. Ya sabes que ese chico tiene conocimientos de urraca - dije tratando de animarla.
- ¡Desde luego! - respondió con media sonrisa - Pero no hay mucho que aclarar en mi caso.
- ¿Cómo que en tu caso? ¿Te han dicho algo diferente? - pregunté sorprendido.
- Yo llevo aquí poco tiempo botones, todavía no se han cumplido tres meses y... - empezó a emocionarse de nuevo.
- ¿¡Y qué!?
- Pues..., que el jefe me ha dicho que me van a rescindir el contrato como si no hubiera superado el periodo de prueba - rompió a llorar de nuevo y se abrazó a mí desde su escalón.
- ¿¡Cómo!? - exclamé realmente sorprendido - Pero..., ¿así, sin más?
- Eso me ha dicho - dijo con la voz acolchada en mi pecho - Que no era cosa suya para nada y bla bla... pero esta será mi última semana - articuló entrecortada por la llorera.
- ¡Mierda!..., ¿en serio?..., joder..., lo siento mucho - dije con sinceridad.

En mi bolsillo, el móvil no paraba de vibrar.


En el hilo sonaba Jake Houlsby

miércoles, 15 de abril de 2020

ZapateaNdo

... de aquí para allá


53ª Maleta

Siempre estaba colocado a la vuelta de mi calle, en la peatonal, arreglando el calzado de cualquiera que se lo encargase o sacando lustre a los zapatos de quien se apoyara en su caja de limpiabotas. Yo no suelo ir con atuendos 'de vestir' ni con ninguno de sus complementos pero aquel día tenía una entrevista y me puse a rebuscar en el armario meses después del último evento que me impuso una mínima etiqueta, probablemente una boda.

Sentado en su silla plegable de madera observé de cerca su peculiar aspecto que tantas veces me había llamado la atención. Vestía un traje oscuro de rayas, una camisa de cuadros con botones en el cuello y una boina marrón bajo la que asomaba por detrás un cabello entre grisáceo y cano como el de su espeso bigote. Era huesudo, delgado como un fideo, tanto que la chaqueta le caía como colgada en una percha de alambre y sus piernas apenas llenaban los pantalones, redoblados en mil pliegues desde el vértice marcado por sus rodillas. Tenía manos de artesano con la piel gruesa y los dedos fuertes y por su mirada de concentración cualquiera diría que extendía el betún por cada milímetro, un trabajo impecable.

Desde que el mundo se ha convertido en un lugar peligroso y las ciudades se contemplan desde la ventana no he vuelto a encontrarle en su sitio de siempre. Ojalá me tropiece con él pronto. Ojalá esté bien. Mis zapatos ya echan de menos su arte.

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La situación general en el hotel era de una calma tensa. Se notaba en cada uno de los empleados sin importar si eran de recepción, de restaurante, de limpieza..., hasta los del departamento comercial, siempre tan trajeados y sonrientes, tenían un gesto de preocupación que no podían disimular.

Esa mañana estaba reuniendo unas maletas de clientes del 'The Level' y me detuve a hablar un momento con la recepcionista que no le quitaba ojo a la televisión de la zona de snacks y bebidas de la planta.

- Parece que vamos a estar un tiempo sin Chinos, ¿no? - dije intentando quitarle hierro al asunto.
- ¡Qué fuerte! Acaban de poner unas imágenes de una ciudad China vacía. ¡No había ni un alma en la calle!
- Algo he oído del cierre de una ciudad, sí...
- Pues es impresionante, ¿te imaginas que lo hicieran aquí? ¡Prfff!, a ver qué nos dice el jefe en la reunión de esta tarde; y yo que no llevo ni tres meses en este curro... - dijo poniéndose pensativa.

Miré alrededor buscando la manera de cambiar de tema para que no se quedara con una mala sensación y entonces la vi ahí delante, frondosa y colorida, con sus hojas saliendo de un pequeño jarrón de cristal con el borde plateado colocado sobre dos grandes libros en el medio de una mesita baja.

- ¿Eso de ahí es un cóleo? - dije señalando con el dedo.
- Sí, ¿cómo lo sabes? La trajo el barman al segundo día de estar yo aquí. Me dijo que a los asiáticos les gustaría, que era una planta tropical, que les daría buena energía... Menudo rollo tiene ese chico, ¿cómo sabrá tantas cosas?
- Ni te imaginas cuántas veces me he hecho esa misma pregunta.

Y nos reímos los dos al fin descargando la tensión de tantos días por un rato.


En el hilo sonaba Frank Sinatra