lunes, 31 de marzo de 2025

BoxeaNdo

 ... frente al espejo.



72ª Maleta

Cuelga encadenado al techo un saco lleno de remordimientos, una bolsa de ira contenida, un fardo de complejos mal curados. Viene, va, se balancea y encaja golpes disipando la energía sin apenas alterarse.

Engrosan su interior cubierto de cuero negro las virtudes más codiciadas; la prudencia, al comprender que cada impacto no es en verdad una agresión; la justicia, pues entrega a cada adversario lo que le corresponde; la fortaleza, al no esconderse de ningún rival presente ni futuro; y la templanza, ya que jamás paga con la misma moneda ni al que le castiga con directos de derecha ni al que se le cruza tras un día entero de pesado pugilato.

Cuelga encadenado al techo un reflejo de los luchadores, una contradicción del quiero y el debo, un alter ego archienemigo. Viene, va, se boicotea y acumula pensamientos intrusivos diluyendo la energía sin siquiera concienciarse.

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Pasábamos parte de las mañanas sentados jugando al parchís con las puertas del balconcito abiertas de par en par, sin camiseta, calentándonos como lagartos con los rayos del sol de Abril. El Barman se había empeñado en que teníamos que exponernos sin crema de protección ni nada al menos quince minutos cada mañana para esquivar la depresión de estar todo el día metidos en casa.

- ¿Sabes qué pienso? - le dije mientras meneaba el cubilete.

- ¿Que como no saques un cinco pronto vas a volver a perder? - respondió señalando mi mano apunto de tirar el dado.

- Un seis. ¡Tche!, quieto que vuelvo a tirar yo. - le frené rápidamente. - No, pensaba que tampoco estamos tan mal aquí. A ver, la casa no es muy grande pero esta luz... Seguro que hay mucha gente viviendo en pisos interiores que estarán mucho peor. - dije mientras liberaba de nuevo el dado.

- Otro seis; ¡qué pesado! si aún no has sacado ni una ficha de casa.

- Mira, otras que están encerradas esperando por algo, ¡como nosotros! - dije soltando una carcajada.

- Si sacas otro seis sin haber salido siquiera, ¿qué pasa?. - preguntó mientras pensaba en algún castigo.

- Pues nada, ¿qué más pena quieres que la de no poder avanzar? - le reprimí.

- Ya. Pues fíjate que eso es justo lo que me consuela de nuestra situación. Que estamos todos igual, encerrados en casa sin poder avanzar. - dijo mirando hacia afuera mientras mi dado rodaba por el tablero.

- ¡Cinco! Vamos con dos fichitas para afuera. Esta eres tú y esta soy yo. ¡A jugar! - dije dibujando una ola con la mano.


En el hilo sonaba Daniela Arredondo

miércoles, 26 de febrero de 2025

AncláNdome

 ... al pasado.


71ª Maleta

A bordo del primer tren de la mañana se atisba el perfil de los pueblos envueltos en neblina, como si de entre los edificios escaparan por el despertar de la rutina los sueños de sus habitantes a la vez que el sol anuncia su inminente salida por el este de un horizonte al que le clarea la oscuridad.

Un traqueteo rítmico acuna a los ocupantes del vagón que permanecen en reposo con los ojos cerrados seguros de la exactitud del trayecto sobre los raíles, sin sorpresas, sin sobresaltos, sin novedades, con el hilo de consciencia justo para mostrar su billete al revisor cuando este pase.

Ella, sin embargo, observa. Cada cambio de luz en la escena, cada reflejo que cruza el coche de lado a lado, cada detalle del aspecto exterior de los viajeros, sus expresiones involuntarias. Trata de descubrir quiénes son esas personas, a qué se dedican, se pregunta cuáles serán sus motivaciones, qué les hará felices, qué tan seguras están de tener tiempo...

Tiempo de demostrar, de aprender, de aportar, de cumplir con sus promesas, de alcanzar sus objetivos, de decir adiós o, tal vez, te quiero...

La bocina del tren resuena dos veces en ráfagas cortas, pero suficiente para despegar los ojos de alguno. Tras unos pocos segundos vuelve a sonar con insistencia. El maquinista está tirando de la cuerda a conciencia. De pronto, un frenazo, un chirrido de bielas bloqueadas, un chispazo de ruedas contra raíles y, enseguida, un golpe seco, un estruendo que desplaza enseres y golpea los cuerpos contra el asiento de enfrente. Antes de poder expresar algún quejido un violento bamboleo inclina el vagón hacia un lateral y lo vuelca. Estallan los cristales, tierra, esquirlas, fuego, humo, fragmentos, sangre, fracturas, hierro,...

Ella reúne con serenidad lo que ha venido a buscar y se aleja disipándose entre una nube negra de hollín y chapa incandescente y un estrato blanco de vapor de agua en el que se puede entrever la forma de una frase etérea:

- Tempus fugit -

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Nos estábamos acostumbrando a las mañanas sosegadas que amanecían con calma y sonidos distintos a los habituales de una gran ciudad, a las horas de deporte o de paseo de animales, a que nos marcaran como a niños qué asientos debíamos dejar libres, por dónde debíamos caminar o dónde parar el carro en la fila de la compra. Nos estábamos acostumbrando a casi todo, menos a los recuentos de fallecidos de cada noche en el noticiario de las nueve.

Últimamente aquel recuento nos resultaba un poco más angustioso. Uno de esos números sin rostro, una de esas cifras que políticos sin escrúpulos impostaban como armas arrojadizas podría ser nuestra Gobernanta. Eran días largos con noches aún más largas en las que no había distracción que nos sacara de nuestros pensamientos.

- ¿Estás despierto? 01:22 - le escribí por whatsapp al barman desde mi habitación.

- Deja el móvil, botones. 01:23

- No puedo dormir. 01:23

- ¿Echamos un parchís a ver si me entra el sueño?. 01:23

- ...

- Venga..., pero sólo una! Salgo y preparo un par de tilas. 01:25

- ¡Yo las rojas! El rojo aún es mi color. 01:25


En el hilo sonaba Coldplay

miércoles, 8 de enero de 2025

ZurcieNdo

 ... los pedazos de tu historia.


70ª Maleta

No hace falta esperar hasta el lunes, a la hora en punto o al primer mes del año. No es preciso contenerse hasta el disparo, al final de la cuenta regresiva o a la luz verde del semáforo. No te sientes sobre el frío mármol, ni debajo de un árbol aguardando a que escampe. No te subas en el tren de luego si hay asientos libres en el tren de antes. No hay discurso impostado y correcto que descuide el defecto de un mal pensamiento.

Escaleras de un par de peldaños que se desempolvan una vez al año no harán que abarques de un vistazo a la Tierra curvándose en sus confines, no darán perspectiva al esfuerzo ni a la resistencia que agrupa los metros por miles, no alzarán la voluntad sobre las voces que en tu interior acolchan el abandono, pero elevarán tu autoestima, ensancharán tus bases, reforzarán el hilo para que el aire no pase entre los nuevos remiendos que le apañes a tu traje.

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Un miedo creciente invadía mis pensamientos y no me dejaba conciliar el sueño. La muerte se había hecho carne y vivir a sus espaldas ocupando el tiempo me resultaba una misión imposible. Sorprendentemente, no era mi propia muerte o el peligro real de que me alcanzara lo que me tenía en un sinvivir, sino la muerte de los demás, de aquellos que me rodeaban. Empecé a sentir una empatía enorme por aquellos que habían perdido a alguno de sus padres, o abuelos, o hermanos, o hijos, o amigos... Me cuestionaba constantemente mi capacidad para soportar ese dolor y todo lo que viniera detrás.

- ¿Cómo haces para estar tan entero? -  le pregunté al barman - ¿no crees que todo va a cambiar a peor?

Me miró fijamente y respondió muy serio con un tono que no recordaba haberle escuchado nunca antes. 

- Sólo existe el presente, botones. No podemos vivir sufriendo por escenarios que sólo existen en nuestra mente. ¿Te das cuenta que te estás agobiando por cosas que con suerte no van a pasar?

Pero yo no podía evitarlo. Rumiaba y rumiaba. En mi cabeza estaba perdiendo la partida...


En el hilo sonaba Ben Howard

miércoles, 1 de enero de 2025

VisualizaNdo

... el objetivo.


69ª Maleta

Que vuelen los besos que nunca nos damos, que suene la música y se alce el telón. Que duelan los dedos cuando nos rozamos, que salten las chispas y aumente el calor. Que abandonen mi cuerpo tus 21 gramos, que me haga San Vito su baile privado y me cure de espanto; que me sobre el valor.

Rastrea mi olor hacia una salida, firmemos un pacto de cuero y saliva. Desnuda mi mente y tu piel de gallina, deleita tu vista, corre las cortinas. Enciende las luces, déjame prendado, que a la deriva te observe desde un mar apagado. Gira en tu cabina, faro del pasado. Leo tu frecuencia; nado, y muero ahogado.

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Sin turistas, sin comerciales ambulantes ni hombres o mujeres de negocios, sin incentivos de empresa, sin celebraciones ni reuniones familiares, sin amores furtivos, sin libertad de movimiento..., la actividad en el hotel era casi nula. Parece mentira, pero de las peores circunstancias surgen las reacciones más primarias y había quien aprovechaba esa desgraciada tesitura para allanar, destrozar y afanar con lo que no era suyo.

El director pensó que podíamos completar algunos turnos para mantener el hotel "habitado" y así evitar mandarnos a todos a casa con un ERTE completo. Era algo voluntario; yo acepté. Me venía bien algo de rutina.

- ¿Cómo dice?, no le oigo con tanto ajetreo... - traté de bromear con el Jefe de Recepción.

- Botones..., por favor, no estoy de humor; de verdad. Estoy muy preocupado por la Gobernanta. ¿Cómo es posible que se haya contagiado? Ella es muy cuidadosa con la limpieza. Siempre. ¿Y si le pasa algo? No podemos ir a verla..., no quiero ni pensar si..., si... - se le tensionaba el nudo de la garganta.

- Jefe, todo va a salir bien. Cuando llegue a casa el Barman me tendrá preparado el parte y yo le escribo para que se quede tranquilo, ¿de acuerdo? Pensemos en otra cosa, ¿le parece?.

Pero el elefante en la habitación era tan grande como todo el lobby de la recepción.


En el hilo sonaba Tom Misch

jueves, 10 de octubre de 2024

UrdieNdo

 ... hilos.



68ª Maleta

Te queda grande la vida. Te sobra manga, ancho de hombro y pernera. Los zapatos te bailan como chanclas de verano y el sombrero te tapa los ojos y las orejas. Tienes un traje a medida para ser feliz pero te falta cuerpo para ocuparlo, mente para lucirlo y espíritu que lo mantenga lustroso mientras reposa de noche sobre su galán.

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Todas las horas del día eran la misma repetida. Habíamos terminado con toda la harina y las baldas vacías del supermercado indicaban que no éramos los únicos que habían optado por la repostería para pasar el tiempo. La falta de papel higiénico constataba que tampoco éramos precisamente una sociedad de maestros pasteleros...
Las ocho de la tarde se convirtieron en las campanadas de cada día pero en lugar de reunirnos con nuestras familias frente a la televisión con doce uvas entre las manos, nos reuníamos con nuestros vecinos en las ventanas y los balcones para aplaudir el esfuerzo de los que estaban luchando cara a cara contra la muerte. Sin embargo, aquella tarde no llegamos a asomarnos.

- Venga barman, que ya son y 57 - le dije señalándole la hora en la pantalla bloqueada del móvil que traía en la mano - ¿Qué pasa?; ¿todo bien?.

- Han ingresado a la gobernanta en el Zendal - me soltó sin pestañear.

De repente, todas aquellas cifras que escuchábamos en el telediario tomaron forma, rostro, expresión, recuerdo..., y un escalofrío intenso me recorrió la espalda al escuchar afuera los primeros aplausos.  


En el hilo sonaba Fink

miércoles, 25 de septiembre de 2024

TorturaNdo

 ... espectadores.



67ª Maleta

En tu mundo interior, abandonado a la corriente, repiquetean las cáscaras de pipa, se reproducen los sermones de voces autorizadas y se solapan los argumentos para celebrar derrotas ajenas con aplausos robóticos envasados al vacío existencial.

La radiografía curva de tu espalda baja ha perdido grados y ha ganado hernias. La frente elevada y la mirada alejada son la postura activa de una vida pasada. La línea tras la que el sol siempre se ocultaba hoy te irradia los ojos de luz azulada, te mantiene despierto soñando con nada, te trastoca los planos de tu casa encantada.

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Después del toque de queda todo eran preguntas sin respuestas claras. Casi como cuando se perfila la lista de los jugadores seleccionados para el mundial de fútbol, el que más y el que menos guardaba en su interior a un biólogo, un logístico, un sociólogo, un experto en seguridad, un gestor de crisis mundiales,... y todo lo que esas profesiones adquiridas tenía en común era el miedo; el miedo a no saber nada en realidad.

- ¿Qué vamos a comer hoy? - le pregunté por tener algo de conversación.

- Yo que sé, botones. No tengo nada de hambre, la verdad. ¿Tú?

- ¿Y si hacemos pan? - propuse sin dejar de mirar el techo del salón.

Se giró enteramente hacia mí sobre la silla alta en la que estaba sentado con la expresión que debe tener un móvil buscando cobertura en medio de un bosque.

- Vale.


En el hilo sonaba Dekker